Modelo cashback: Microsoft da un paso atrás. La problemática del mercado online.

Cuando el motor de búsqueda aún se llamaba Live, Microsoft pensó que sería una buena idea acoplar en él un sistema de cashback. De esta forma, los usuarios podrían buscar productos y obtener una devolución de parte del importe de su compra, con el consiguiente margen de beneficio para Microsoft y el aumento de ventas de las tiendas asociadas.

Ahora, el rebautizado Bing Cashback permanecerá inactivo desde el 30 de julio de 2010 por falta de uso por parte de los usuarios, a pesar de la buena acogida que tuvo esta iniciativa entre los anunciantes. El equipo responsable explica las razones en su blog oficial.

Parece que no sólo en España el concepto de cashback carece (absurdamente) de credibilidad o interés entre buena parte de los internautas. Un cashback conlleva beneficios para compradores y vendedores, y aún hay margen para el intermediario imprescindible, la web que gestiona el cashback.

¿En qué consiste el cashback?

Además de los beneficios económicos para todas las partes implicadas, este modelo de negocio (o más bien de ventas) consiste en invertir el dinero de una empresa en su cliente, en lugar de destinarlo a publicidad agresiva.

Hasta hace unos años, las empresas invertían grandes cantidades de dinero en publicidad (carteles, prensa, radio, televisión, banners…). Por supuesto, este “marketing tradicional” también incluía el trasiego de comisiones, pero no de la misma forma: una empresa pagaba comisiones a otras por las ventas que le consiguiera, y ahí acababa todo.

El modelo cashback, nacido por y para el mercado online, permite que esas comisiones lleguen a quien realmente va a aportar beneficio a todo el proceso de venta: el cliente. Así, una web de cashback ofrece al cliente los productos del vendedor, y cuando realiza una compra, el vendedor paga la comisión correspondiente a la web y ésta le cede una parte al cliente. De esta forma, el dinero que se hubiera empleado en publicidad agresiva va a parar al comprador. Resultado: el vendedor tiene un cliente, el cliente tiene una recompensa económica por hacer la compra y la web de cashback obtiene un beneficio por haber conectado a los dos primeros.

¿Dónde falla todo esto?

En el desconocimiento. Concretamente en España, no hay una cantidad suficiente de gente que compre por Internet (aún sigo escuchando “uy, yo es que no me fío, a ver si algun hacker me va robar la tarjeta o algo“), y mucho menos que entienda lo que es un cashback y se habitúe a comprar de esta forma. En países como EEUU sí es algo más frecuente, aunque por lo que se ve Microsoft no ha podido/sabido aprovecharlo.

En mi opinión, gran parte de culpa de este desconocimiento trágico de las nuevas tecnologías la tienen los medios de comunicación, que en su mayoría -y no dudo que con la mejor intención de proteger de los ciberpeligros a los usuarios- tienden al catastrofismo y a presentar los trámites online como algo inseguro, oscuro, peligroso, asediado por cientos de “hackers” (un término SIEMPRE mal utilizado, que ya discutiremos en otra ocasión) capaces de hazañas sobrehumanas y que nos arruinarán el bolsillo y la vida en general.

Supongo que será cuestión de que todo evolucione y se vaya haciendo más habitual -como ya ocurre- comprar y obtener un beneficio por ello, pero creo que a este ritmo aún nos queda un rato.


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